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EL CONCEPTO DE REALIDAD EN LA OBRA DE C. CASTORIADIS
Por Leonor Zapolsky
¿De qué hablamos cuando hablamos de la realidad , cuando decimos la realidad actual..., la realidad nos impone, esto es posible (o imposible) en esta realidad...
Todos arrastramos de una manera más o menos implícita una forma de concebir la realidad del mundo que nos rodea, y ésta, la mayoría de las veces es pensada cómo lo que está, frente a nosotros, ya dado como tal; a lo que podemos acercarnos, percibir, clasificar, ordenar, interpretar; pero estas acciones no la constituyen sino se acercan a lo dado como cosas y mundo que está ahí independiente de nuestra mirada y acción sobre él.
Trataré ahora, y desde el pensamiento de C. Castoriadis, dar cuenta de cómo esta manera de acercarse al mundo natural y social está mostrando una concepción enraizada en nuestra cultura, pero, como tal, no es "esencialmente humana", sino producto de una lógica, la que hemos heredado y a la que es posible cuestionar como modo único de concebir la realidad tanto del mundo natural como histórico-social.
Antes que nada es necesario afirmar que lo que es en cualquier dominio, se presta a una organización que Castoriadis llamará conjuntista-identitaria dado que siempre hay una realidad de las cosas que se prestan para poder ser agrupadas en conjuntos determinados y para que la lógica de la identidad les pueda ser aplicada (A=A, A no es B). Pero, y también es necesario decirlo, esta lógica no es congruente con la realidad en su totalidad ni en última instancia.
El mundo, las cosas que hay en él, son susceptibles de ser ordenadas en conjuntos , pero toda ordenación, toda organización que en ellas instauremos, descubriremos, tarde o temprano, que es parcial, lacunar, fragmentaria y en determinados sectores, francamente incoherente.
Aún en el terreno de lo que (mal) llamamos "ciencias duras", la física contemporánea, por ejemplo, se debaten cuestiones que remiten a un modo de ser del ente físico que serían inaprehensibles con los medios de la lógica heredada que disponemos. "...ya no podemos seguir hablando únicamente de "leyes universales extra históricas", sino que además tenemos que añadir lo "temporal y lo local"; pero esto implica apartarse de los ideales de la ciencia tradicional..." Ilya Prigogine
¿Qué decir entonces cuando nos alejamos del universo físico y nos acercamos a esa realidad de lo histórico-social y de los sujetos en ella implicados?. Allí, las categorías y las determinaciones de la lógica conocida se hunden.
Entonces, para pensar la constitución de la realidad en el sujeto y en el colectivo social, se vuelve necesario comenzar por el inicio de la psique humana y su transformación hasta advenir en individuo social; o sea hasta su acceso a ser alguien para quien existirán otros individuos, objetos, un mundo, una sociedad, instituciones, nada de lo cual, originariamente, tiene sentido ni existencia para la psique.
Castoriadis retoma aquí a Freud y su concepción, no para modificarla, pero sí para iluminar algunos aspectos que quedaron relegados en la teoría.
El inicio de la psique es siempre una primera representación indiscriminada de boca-pecho-placer-leche que le es ofrecida al infante humano por otro humano adulto, primer contacto y modo de lo psíquico que Castoriadis llamará mónada ya que allí no hay afuera o adentro, todo es todo.Comienzo en la omnipotencia de serlo todo. Ese inicio es un inicio de una primera representación, que implicaría esta capacidad de imaginar, surgimiento de la psique que no está determinado por nada. Apoyada en lo biológico la psique comienza en esas primeras imágenes.
Es en este sentido que Castoriadis hablará de imaginario radical. Nada lo causa, surge y de ahí en más se desarrollará de acuerdo a la historia de cada uno, permitiendo siempre pensar que algo nuevo puede ser creado dada esta capacidad inédita de imaginar algo que no era previsible.
La evolución posterior, comprobable, a partir de un punto de ruptura, es la historia de una serie de representaciones como diferenciadas, de un flujo representativo que se desarrolla a fuerza de convulsiones sucesivas y de profundos reordenamientos de la organización psíquica, y que es esencialmente la historia de la socialización de la psique, o dicho de otra manera, de la creación de un individuo social.
Es la historia de la psique a lo largo de la cual ésta se altera y se abre a la realidad histórico-social también a través de su propio trabajo y su propia creatividad; y una historia de una imposición de un modo de ser que la sociedad realiza sobre la psique y que ésta jamás podría hacer surgir a partir de sí misma y que fabrica-crea el individuo social. El final común de estas dos historias es la emergencia del individuo social como coexistencia, siempre imposible y siempre realizada de una realidad privada y de una realidad pública o común.
Ese minúsculo fragmento del campo social en el que un sujeto nace, que entre nosotros es habitualmente la familia, se convierte para él en el equivalente y reflejo de una totalidad cuyos caracteres diferenciales descubrirá recién al cabo de elaboraciones sucesivas.
La madre, (o quien cumpla su función) será -retomando el término de Piera Aulagnier- un portavoz, en el sentido de representante de la realidad externa, cuyas leyes y exigencias su discurso enuncia.
Este portavoz metaboliza los objetos de la experiencia y de encuentro en productos que son heterogéneos a la realidad del objeto.La "cosa en sí" es incognoscible, es siempre remodelada por el otro, por los otros.La madre nombra y significa un mundo.
Los otros de ese primer medio en que un sujeto crece son entonces los primeros representantes, garantes de la existencia de un orden cultural constitutivo del discurso y de lo social. Será entonces un lugar de transición necesario. Transición que será tal porque ese medio familiar está inserto en lo que llamamos realidad cultural o socio-histórica , y que es a su vez, producto de lo que Castoriadis llamara las significaciones imaginarias sociales: creación del colectivo social que definirá un mundo, las cosas que en él se encuentran, las relaciones de esas cosas entre sí y con los individuos que habitan ese mundo. La creación de estas significaciones son producto del imaginario social, que, como lo que dijéramos del imaginario radical en la psique,no surge "a causa de" otra cosa, no está determinado por nada previo a su surgimiento.Sobre la base natural, en cada momento histórico, confluyen situaciones económicas, sociales, subjetivas que van plasmando una configuración a la que llamamos realidad y que es instituida como conjunto de significaciones imaginarias. La sociedad instituye en cada momento un mundo como su mundo o como el mundo.
Lo que permite pensar a una sociedad como esa y no otra es la particularidad de su mundo de significaciones.
Son ellas las que dan existencia, para una sociedad determinada,el modo de ser de las cosas y los individuos como referidos a ellas: decir que un objeto o una clase de objetos son mercancías, es decir algo acerca de la manera de ser de esos objetos y de esa sociedad; es decir que esta sociedad ha instituido la significación mercancía y los comportamientos de los individuos que dan existencia a tales objetos como mercancías.La significación instituida cosa, en una sociedad dada, es lo que hace posibles para los individuos las "cosas percibidas" y que define, cada vez, cuales son esas cosas y qué son. El "objeto", como referente, es siempre co-constituido por la significación imaginaria social correspondiente, tanto el objeto particular como la objetividad en tanto tal.
La significación impuesta al mundo es esencialmente arbitraria,apoyada en condiciones naturales, pero no determinada por ellas. La autocreación de la sociedad escapa a la determinación, es autodisposición y no puede estar fundada en una razón universal ni ser reducida a la correspondencia con un presunto "ser así" del mundo.
Lo difícil ha sido y es para los individuos particulares como para la sociedad en su conjunto descubrir que en la humanidad hay abismo: abismo sin fondo de la imaginación radical de la psique, capaz de crear nuevas realidades, y abismo social sin fondo de lo imaginario social capaz de crear nuevas realidades para lo instituido. Capacidad instituyente continuamente oscurecida, encubierta. La autoocultación para el sujeto y para la sociedad de su propio ser como posibilidad creativa, es escape al enigma del mundo que se oculta detrás del mundo común social ya instituido , como mundo que todavía no es, es decir, como inagotable provisión de alteridad, y como desafío a toda significación establecida.
Este encubrimiento, esta alienación se manifiesta en la representación social de un origen extrasocial de la institución de la sociedad (origen atribuido a seres sobrenaturales, a Dios, a la naturaleza, a la razón, a las leyes de la historia, etc.). Condenada, entonces a ignorar su propia naturaleza de hacer pensante, se vive a sí misma como producto de un poder externo, piensa la realidad como lo indefectible que me/nos ocurre.
Ahora bien,la ruptura de esta clausura es la apertura de la interrogación ilimitada, como actividad lúcida, o que se pretende tan lúcida como sea posible...
Tal vez hoy más que nunca se haga necesario volver a pensar este posicionamiento frente a una época que Castoriadis llamara de conformismo generalizado. Intentar instaurar una historia en que la sociedad no sólo se sepa, sino que se haga explícitamente como autoinstituyente.Pensarnos, como sujetos y como conjunto, haciendo la realidad en la que nos consideramos inmersos
Bibliografía:
C. Castoriadis: "La institución imaginaria de la sociedad" Vol. I y II Ed. Tusquets
"El avance de la insignificancia" Ed. Eudeba
Piera Aulagnier: "La violencia de la interpretación" Ed. Amorrortu
Ilya Prigogine: "¿El fin de la ciencia? " en "Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad" Ed. Paidos